La ansiedad es una de las consultas más frecuentes en psicología infantojuvenil. Y, paradójicamente, una de las menos reconocidas por los padres. Porque la ansiedad en niños no siempre parece ansiedad.

Cómo se manifiesta la ansiedad en la infancia

Un niño ansioso no siempre dirá "tengo miedo" o "estoy preocupado". A menudo, lo que ven los padres es dolor de barriga recurrente sin causa médica, pesadillas frecuentes, resistencia a ir al colegio, crisis de llanto por cosas aparentemente pequeñas o una irritabilidad que desborda.

En adolescentes, las señales cambian: aislamiento social, caída del rendimiento académico, insomnio, quejas físicas (cefaleas, tensiones musculares) o una preocupación excesiva por cómo les ven los demás.

Ansiedad normal frente a ansiedad que necesita atención

Todas las personas, incluidos los niños, experimentan ansiedad. Es una respuesta adaptativa y necesaria. El problema aparece cuando la ansiedad es desproporcionada respecto a la situación, persiste en el tiempo o empieza a limitar la vida del niño: evita actividades que antes hacía, deja de ir a clase, no puede dormir solo, no puede separarse de los padres.

Un criterio útil: si la ansiedad interfiere en la rutina diaria del niño o de la familia de forma persistente (más de dos o tres semanas), vale la pena consultar con un profesional.

Factores que influyen

La ansiedad infantil tiene múltiples causas. El temperamento del niño juega un papel importante: algunos niños nacen con una sensibilidad más alta al malestar. Pero también influye el entorno: clima familiar tenso, cambios vitales (divorcio, cambio de colegio, muerte de un familiar), presión académica o experiencias sociales difíciles como el acoso escolar.

A menudo no hay una causa única. La ansiedad se entiende mejor como el resultado de una interacción entre la biología del niño y sus experiencias vitales.

Cómo pueden ayudar los padres

Lo primero y más importante es no minimizar lo que siente el niño. Frases como "no es para tanto" o "eres mayor para tener miedo" no ayudan; al contrario, refuerzan la idea de que lo que siente es "malo" o "exagerado". El niño necesita sentir que lo que le pasa es comprensible y que no está solo.

Algunos recursos útiles desde casa: mantener rutinas estables (lo previsible genera seguridad), validar las emociones sin reforzar la evitación y modelar una actitud serena ante las situaciones que generan ansiedad. Si el niño ve que los padres también se angustian intensamente ante los mismos estímulos, es más probable que aprenda esa respuesta.

Cuándo hay que buscar ayuda profesional

Cuando la ansiedad interfiere de forma significativa en la vida del niño o de la familia, el recurso más eficaz es la terapia psicológica. Las técnicas cognitivo-conductuales adaptadas a la infancia (exposición gradual, reestructuración cognitiva, técnicas de relajación y respiración) cuentan con una sólida evidencia científica y suelen dar resultados en un número de sesiones relativamente limitado.

La implicación de los padres en el proceso es fundamental. La terapia infantil no funciona en un compartimento estanco: lo que se aprende en consulta se tiene que poder practicar y consolidar en casa.

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Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye la evaluación ni el tratamiento por parte de un profesional de la salud mental. Si tienes dudas sobre el bienestar de tu hijo o hija, consulta con un psicólogo colegiado.